La declaración, pronunciada por un jefe de Estado, marca un quiebre histórico y expone la profundidad del conflicto.
El presidente colombiano calificó los dichos de Trump como “aberrantes, falsos y propios de una lógica colonial”, y sostuvo que el líder estadounidense está siendo manipulado por sectores que lucran con la guerra, el narcotráfico y la desestabilización regional. En ese marco, negó de forma categórica cualquier vínculo de su gobierno con el crimen organizado.
El trasfondo del choque es aún más grave: la detención de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, un hecho que Petro denunció como un “secuestro internacional” y una demolición del orden jurídico global. Según el mandatario colombiano, lo ocurrido en Venezuela confirma que Washington volvió a la doctrina de la intervención directa, sin legalidad ni límites.
“Hoy fue Venezuela. Mañana puede ser cualquier país que no se arrodille”, fue el mensaje implícito que dejó el presidente colombiano, encendiendo todas las alarmas en la región.
Lejos de retroceder, Petro desafió a Trump a un encuentro cara a cara, sin diplomáticos ni traductores políticos, para decirse las verdades “mirándose a los ojos”. Pero la respuesta desde Estados Unidos fue una amenaza velada: Trump lo llamó “alborotador” y le advirtió que “más le vale andarse con cuidado”.
El intercambio ya no es solo verbal. Es un choque de proyectos de poder: soberanía versus tutela, autodeterminación versus control, América Latina versus el viejo reflejo imperial.
Con esta escalada, la región vuelve a quedar atrapada en una lógica peligrosa, donde las palabras de los presidentes empiezan a sonar demasiado cerca de un llamado a la confrontación real.
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