La comida que ahora sería cortada se retiraba todos los días a las 12:30 y a las 20:30 horas, y estaba destinada a administrativos, médicos, enfermeros, choferes y otros trabajadores del hospital, muchos de los cuales cumplen guardias prolongadas y turnos continuos dentro del establecimiento.
Con esta resolución, solo quedaría garantizada la alimentación para los pacientes internados, dejando sin cobertura alimentaria a quienes sostienen el funcionamiento cotidiano del hospital.
Según pudo saberse, la medida fue comunicada internamente este martes en horas de la tarde, lo que generó malestar, indignación y desconcierto entre los trabajadores, que advierten que el sistema de salud atraviesa un proceso de recortes cada vez más profundos.
Hasta el momento, no hubo explicaciones públicas claras por parte del Gobierno provincial ni del Ministerio de Salud, ni se informó cuánto tiempo se extenderá la suspensión ni cuáles son las circunstancias concretas que motivaron una decisión de semejante impacto.
En un contexto de crisis económica, inflación y creciente demanda sanitaria, el ajuste vuelve a recaer —una vez más— sobre el personal de salud, que trabaja al límite y ahora también sin algo tan básico como un plato de comida.
La pregunta que recorre los pasillos del hospital es tan directa como preocupante: ¿hasta dónde se puede ajustar sin poner en riesgo la salud pública?
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