Chaco Sameep: El Gobierno pagará a las apuradas, tras movilización frente a Casa de Gobierno
06/01/2026
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Trabajadores quedaron esperando que se complete el pago de aguinaldo, entre otras cosas.
El Gobierno del Chaco intentó este martes 6 de enero de 2026 apagar el incendio en Sameep con un anuncio de último momento: el pago de los sueldos de diciembre y del ítem refrigerio. Pero el depósito, lejos de ser una solución, expuso una vez más una gestión improvisada, reactiva y sin planificación, que solo actúa cuando el conflicto ya está en la calle.
La plata llega tarde y bajo presión, después de semanas de asambleas, alertas gremiales y amenazas de profundizar las medidas de fuerza. No fue una decisión política ordenada: fue una concesión forzada ante el temor de un paro total en una empresa estratégica como la que garantiza el acceso al agua potable.
Sueldos como parche, conflicto intacto
Desde el oficialismo se intentó vender el pago como una muestra de “normalidad”, pero puertas adentro de Sameep el mensaje fue otro: no hay certezas, no hay cronograma y no hay conducción. El salario se acreditó, pero siguen sin resolverse los puntos más sensibles del reclamo:
El aguinaldo incompleto, del cual solo se abonó una suma fija de $300.000, sin fecha ni explicación oficial sobre el resto.
Horas extras y retroactivos impagos, que se acumulan mientras el Gobierno mira para otro lado.
Condiciones laborales indignas, con edificios deteriorados, falta de indumentaria básica y trabajadores expuestos a la precarización cotidiana.
La pregunta que circula entre los empleados es simple y brutal: ¿qué se paga mañana y qué vuelve a quedar colgado?
Mientras el discurso oficial intenta llevar calma, la realidad muestra señales de desgaste dentro de la fuerza. En una semana, tres efectivos decidieron dar un paso al costado.
El ex efectivo Alberto Tévez hizo estallar las redes con una renuncia cargada de bronca: denunció sueldos de miseria, aumentos “insultantes” y un sistema que —según afirmó— obliga a elegir entre servir o sobrevivir.
En silencio, pero con una carga política cada vez más evidente, el Chaco volvió a poner en marcha una de sus experiencias productivas más disruptivas: la novena cosecha de algodón agroecológico.