"Manuel Roseo era toda una leyenda", dice a Infobae el abogado Sergio Kleisinger, que asistió a este peculiar personaje en los seis meses previos a su asesinato, cuando el hombre buscaba defenderse de estafadores que querían birlarle su propiedad. Los mismos que, al no lograr lo que buscaban por la vía de la estafa, urdieron un siniestro plan para acabar con él.
En la madrugada del 13 de enero de 2011, tres hombres ingresaron a la modesta casa en la cual vivía Manuel Roseo en Juan José Castelli, lo atacaron, lo redujeron, lo torturaron y finalmente lo asesinaron por asfixia. La misma suerte corrió su cuñada, que vivía con él. Se llamaba Nélida Bartolomé, y era la viuda de su hermano Luis Roseo.
Muy pronto se descubrió el móvil del crimen y a sus autores. En cierta forma, el propio Manuel Roseo lo había descubierto seis meses antes…
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"Roseo requirió mis servicios cuando descubrió que lo estaban estafando -recuerda Kleisinger,que es de Castelli-. Eso fue en agosto de 2010. Seis meses después, estaba muerto. En ese tiempo recorrí entre 20 y 30 mil kilómetros, viajando casi una vez por semana a diferentes juzgados y escribanías donde habían aparecido boletos de compraventa y poderes fraguados concernientes a La Fidelidad. Roseo había pedido un informe de dominio y así descubrió una anotación de litis por un supuesto boleto de compraventa. Se desespera y ahí le sugieren mi nombre".
"Él siempre temía al 'estafador-Gobierno' -dice el abogado-; sospechaba que con su tierra querían hacer lo mismo que con El Calafate, comprarle a precio vil y lotear entre amigos. Y aseguraba que no le iba a vender".
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Kleisinger tuvo que viajar a San Lorenzo, Santa Fe, porque era allí donde se había formulado una demanda contra Roseo por supuesto incumplimiento de un contrato de venta. San Lorenzo está a mil kilómetros de Castelli. "Afortunadamente pude acceder al expediente y hablar con la jueza que me dijo que ya sospechaba algo raro. La litis era por 150 mil hectáreas y el denunciante, un tal Claudio Alfredo Gómez, que decía tener un boleto de compraventa y que Roseo no había cumplido. La estafa incluía la presencia de un falso Roseo en San Lorenzo para firmar ese boleto. La abogada que lo acompañó a la escribanía, no lo reconoció en las fotos que yo le mostré. Fui a ver al abogado que hizo el trámite, Sergio Nowodworski. Más tarde, a la luz de lo ocurrido con Roseo, me di cuenta del riesgo que corrí yendo a ver a ese abogado en San Lorenzo, solo, de noche. En fin. Pero en ese momento, le hice las preguntas que dicta la lógica: ¿por qué venir a firmar el boleto en San Lorenzo, a mil kilómetros de Castelli? ¿Cuánto tiempo le tomó a Roseo contar los 400 mil dólares que dicen que le pagaron? Era un señor de más de 70 años… ¿Tomó el dinero y lo puso en el baúl de su auto y manejó de regreso mil kilómetros? Yo le mostraba la foto de Roseo y el tipo insistía en que era él la persona que lo fue a ver".
Al día siguiente Kleisinger hizo la denuncia de la estafa y una semana después Roseo fue a San Lorenzo a ratificarla. Más adelante hubo incluso un careo con el abogado y con Claudio Alfredo Gómez, que seguía sosteniendo que Roseo le firmó un boleto.
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La cosa no terminaba aún. Cuenta Kleisinger que también aparecieron poderes de venta en escribanías de Corrientes y de Formosa; tuvo que enviar una carta documento a todos los colegios de escribanos del país. En una de ellas, aseguraban que Roseo se había presentado para firmar un poder de venta. El escribano rubricó el acto sin pedirle documento al que se hacía pasar por dueño de La Fidelidad, que vino con otra escribana que aseguró que era él. Insólito. Y descarado.
Cuando Manuel Roseo apareció asesinado, no hizo falta mucho para relacionar los hechos. Uno de los asesinos era el mismo Claudio AlfredoGómez, el demandante de Roseo en San Lorenzo.
Para la ocasión, se había asociado con otro personaje siniestro. Luis "Gusano" Menocchio, un ex niño bien y play boy de origen misionero, que pasó de la vida disipada y fiestera al crimen liso y llano. La primera causa por asesinato la tuvo en Paraguay, de donde huyó y se mantuvo prófugo varios años. Hasta que apareció vinculado al crimen del productor de cine y TV Claudio Nozzi, un caso resonante del año 2005. Como la realidad supera la ficción, la historia tiene mucho de El talento de Mr Ripley. Nozzi navegaba con amigos en su yate cuando desapareció para ser encontrado luego por la Prefectura en el río, con varios disparos y atado con cadenas. En el yate, la policía arrestó a un tal Jara que paseaba con señoritas que resultó ser Menocchio, con nombre falso y cirugías para cambiar su aspecto.
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Por esas cosas de la justicia, no se pudo probar su vínculo con el asesinato de Nozzi. El tipo siguió impune y volvió a Chaco, provincia en la cual había vivido, y allí vio la oportunidad de acercarse a Roseo y tratar de convencerlo de vender. Fotografías como al que aquí se muestra parecen indicar que entre ambos se estableció una cierta amistad.
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El tercer cómplice del crimen fue Salvador Borda. Con bastante celeridad, y a diferencia del anterior crimen de Menocchio, la causa fue instruida, y se celebró el juicio en Sáenz Peña. El 7 de octubre de 2013, la Cámara en lo Criminal 2 de esa ciudad condenó a prisión perpetua a Luis Raúl "Gusano" Menocchio, a Claudio Alfredo Gómez y a Salvador Borda, por hallarlos responsables del doble homicidio del propietario de La Fidelidad, Manuel Roseo, y de su cuñada Nélida Bartolomé. El proceso duró 3 meses, y desfilaron por el tribunal 50 testigos.
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En 2014, Claudio Gómez protagonizó una primera fuga pero fue recapturado a los tres meses. En 2016 lo volvió a intentar, desde la alcaidía de Resistencia. Esta vez, hubo un tiroteo y, según la versión oficial, al verse herido, se suicidó. Borda y Menocchio siguen purgando sus penas.
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"Roseo era un hombre muy reservado -recuerda Kleisinger-, muy encerrado en sí mismo. Decía que era soltero y sin hijos. Luego de su muerte, se supo que no era así. Pero en uno de nuestros primeros encuentros le pregunté qué pasaría si a él le ocurría algo. Tengo todo arreglado, respondió".
"No tenía vida social –sigue diciendo-. Al verlo, era impensable que tuviera tanto patrimonio. En realidad vivía siempre penando porque no había logrado montar un emprendimiento productivo en la estancia y le costaba mantener eso. Siempre estaba haciendo números. Además, el gobierno lo presionaba, por ejemplo, diciéndole que debía perimetrar el campo, que tenía 50 kilómetros por 50 kilómetros…"
"Tengo mucho patrimonio pero no tengo liquidez", decía Roseo.
Para el momento en que lo conoció, dice Kleisinger, él planeaba vender cien mil hectáreas y montar un emprendimiento productivo en el resto. "Pero la dificultad para vender era que su competidor era la propia provincia porque el Instituto de Colonización daba tierras a precios muy bajos".
Fuente Infobae





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