En una conferencia de prensa realizada éste sábado 3 de enero de 2026, Trump formalizó lo que ya se configura como una ocupación militar y administrativa de facto, al afirmar que Washington dirigirá el país, sus instituciones y sus recursos estratégicos hasta que se produzca una transición política bajo supervisión estadounidense. No habló de mediación ni de multilateralismo: habló de gobernar.
La justificación oficial —“evitar el caos” y “proteger al pueblo venezolano”— quedó rápidamente eclipsada por una declaración clave: Estados Unidos estará “muy fuertemente involucrado” en la industria petrolera. En otras palabras, el mayor reservorio de crudo del planeta pasa a quedar bajo tutela extranjera, sin mandato internacional, sin aval regional y sin consentimiento del pueblo venezolano.
Trump confirmó que el operativo se ejecutó en la madrugada en Caracas, con fuerzas estadounidenses actuando en territorio soberano, y que Maduro fue trasladado a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico. El arresto de un presidente en ejercicio por un ejército extranjero no tiene precedentes recientes en América Latina y reabre una lógica de dominación que la región creía enterrada.
Lejos de plantear una salida negociada, el mandatario estadounidense amenazó explícitamente con una “segunda y más grande ola de ataques”, consolidando un escenario de ocupación prolongada, militarización del país y administración externa de sus activos estratégicos. El mensaje fue inequívoco: Venezuela queda bajo control armado y económico de Washington.
Redes sociales:
Comentarios:
Más noticias: