El lunes 5 de enero de 2026, cerca de las 19:15, el Departamento de Investigaciones Complejas Metropolitana confirmó que durante las pericias realizadas por el Gabinete Científico del Poder Judicial, se halló un DNI en uno de los bolsillos del occiso, correspondiente a Carlos Ernesto Zagni, domiciliado en Corrientes capital.
A partir de ese hallazgo, se tomó declaración a un comerciante, quien reveló un dato clave y preocupante: Zagni vivía y trabajaba de manera informal como sereno nocturno en su verdulería desde agosto de 2025. Según su testimonio, el hombre consumía alcohol de manera habitual y se automedicaba con morfina, sin ningún tipo de control médico, debido a una afección en uno de sus brazos.
Martínez aseguró que la última vez que lo vio con vida fue el 1 de enero de 2026, cerca de las 2 de la madrugada, y que vestía la misma ropa con la que fue hallado muerto días después al costado de la ruta. Desde entonces, nadie volvió a verlo. Nadie denunció su desaparición. Nadie lo buscó.
Horas más tarde, familiares llegados desde Villa Ocampo, Santa Fe, reconocieron el cuerpo en el IMCIF, confirmando que se trataba de su hermano. Posteriormente fueron trasladados a la Comisaría de Puerto Tirol para completar los trámites de entrega del cuerpo.
El caso, por ahora, no tiene imputados ni una causa de muerte oficialmente confirmada, pero el contexto expone una realidad inquietante: un hombre vulnerable, en situación precaria, con consumo problemático y sin contención, terminó muerto al costado de una ruta nacional, sin que nadie advirtiera su ausencia durante días.
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