Un hecho de extrema gravedad sacudió a La Clotilde y volvió a dejar al descubierto la cara más brutal de la violencia de género. Un hombre ingresó armado a la vivienda de su ex pareja con la clara intención de matarla.
El episodio ocurrió alrededor de la medianoche del jueves 2 de enero, cuando una mujer identificada como L. A. P. (47) denunció que su ex pareja, J. D. V. (45), con quien mantuvo una relación de más de 25 años, irrumpió sin autorización en su domicilio portando una escopeta calibre 16 y apuntándole para disparar.
Según la denuncia, el agresor accionó el arma, pero esta no respondió, frustrando lo que hubiese sido un crimen anunciado. La víctima indicó además que el hombre es adicto a estupefacientes, un dato que agrava el nivel de riesgo y refuerza el cuadro de violencia sostenida.
Alertada la situación, la Fiscalía de Investigación Penal N° 1, a cargo de la Dra. N. Afanasenko, ordenó la aprehensión inmediata del agresor y el secuestro del arma de fuego utilizada en el ataque.
Personal de la Comisaría de La Clotilde se dirigió al domicilio del denunciado, en el barrio San Nicolás, donde procedió a su detención. En el lugar se secuestró una escopeta sistema Mauser, calibre 16, con culata de madera, que quedó incorporada como prueba clave en la causa.
El hombre permanece detenido, imputado por “amenazas con arma en contexto de violencia de género”, una calificación que vuelve a generar interrogantes: ¿cuántas señales más hacen falta antes de que la Justicia actúe de manera preventiva?
Este caso no es un hecho aislado. Es otro capítulo de una violencia que avanza, mientras las víctimas sobreviven —cuando pueden— por fallas fortuitas y no por la eficacia del sistema. Esta vez el arma falló. La próxima puede no hacerlo.
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